martes, 4 de septiembre de 2012

Un día de alfabetización en la Granja de Cumayasa


Nos reunimos en Cumayasa en casa de la facilitadora Celestina donde la pasamos a recoger el Sr. Leonardo y yo quien puso a disposición su carro para el transporte y la institución aportó el combustible. También nos acompaña una sobrinita de Celestina quien regularmente acompaña a la facilitadora y se encarga de dar clases a los niños de la comunidad.

El trayecto de menos de 7 kilómetros lo recorrimos en unos 45 minutos por las características de la carretera, llena de piedras y la dificultad de paso cuando nos interceptaban los camiones de la empresa, por lo estrecho del camino.

Celestina nos cuenta cómo debe pagar 75 y 100 pesos a un motoconcho para llegar, que algunas veces no hay dinero por lo que va a pies, tomándole esto 1 y 2 horas para llegar. También los camioneros la llevan cuando no están cargados de pollos.

En el camino vamos revisando la planificación, estrategias para lograr mejores resultados, como son:

·         Va a dividir las facilitaciones en diferentes horarios, primero trabajará con las mujeres, y cuando los hombres hayan completado su jornada de trabajo seguirá en un segundo turno con estos.

·         Ella se auxilia de un traductor para mejorar  la mejor comunicación con el grupo, esto se seguirá haciendo.

Cuando hay actividad de carga de mercancía, como este día la facilitadora debe esperar a que concluyan, por lo que es necesario quedarse en la comunidad en algunos casos, a dormir.

Cuando llegamos todo reciben a la facilitadora con mucho cariño, ella habilita el espacio, una de las mujeres prepara un pollo para cocinar y nos invita. Los obreros que son participantes informan que hoy hay carga por lo que vuelven más tarde. Mientras Leo y yo damos una vuelta en el entorno, la facilitadora ambienta. Las niñas se van a reunir los niños para darle clases.

Algunos participantes responden al ser cuestionados por mí, que están alegres por el proyecto y que están aprendiendo.

Nos tenemos que retirar dejando a Doña Celestina esperando que su grupo concluya las tareas de trabajo para luego ir a la facilitación.

Una idea ronda en mi cabeza al salir:
-Esto no es un grupo del proyecto, es más que eso, es un ministerio de fe llevado a cabo por una mujer emprendedora a la que debemos apoyar más de cerca.